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EL NACIONAL / Gonzalo Jiménez / Martes 01 de Enero
La abuela y el perrito
Columna: Cinerama
Para Federico, con apenas cuatro años de edad, el título de Las trillizas de Belleville resulta ininteligible. Él prefiere referirse a la producción cinematográfica dirigida por el francés Sylvain Chomet como La abuela y el perrito, lo que no ressulta descabellado pues, si bien las trillizas son lo personajes más curiosos del filme, son la abuela, Madame Souza, y el perrito Bruno, quienes llevan sobre sus hombros la trama y terminan convirtiéndose en los impulsores de la película. Las trillizas de Belleville se ha exhibido con éxito en Venezuela en el marco del festival de cine francés y ha encontrado en las tiendas de video, donde ya está disponible en DVD, un nicho como obra de culto. Las dos nominaciones al Oscar en marzo de 2004 (a mejor cinta animada y mejor canción) consolidaron las críticas favborables que el filme de Chomet cosechó durante meses en buena parte de los festivales de cine del mundo. Hay quienes elogian la película de Chomet porque la consideran una reivindicación del cine animado plano por plano. Nada más lejos de la verdad. De hecho, varias secuencias de Las trillizas de Belleville fueron hechas en computadora, como las bicicletas de los competidores en el Tour de Francia y la escena onírica en la que Bruno sueña que está a bordo de una locomotora. Chomet no es crítico de la animación 3-D, al punto que su nuevo proyecto es un filme de animación digital. Lo que sí reivindica Chomet es una técnica de animación inventada por Disney para 101 dálmatas (1961), llamada "xerografía" (por la compañía Xerox), en la que los planos eran fotocopiados para poder crear animaciones más complejas y cuyo rasgo distintivo eran los bordes negros que envolvían las figuras. Esta técnica fue desechada por Disney con la película Bernardo y Bianca (The Rescuers, 1976) cuando fue posible darle contornos más suaves a la animación. Chomet es un nostálgico -Las trillizas se nutre de ese sentimiento- y no resulta extraño que profese admiración por una técnica que remite a una textura que hoy las películas de animación ya no ostentan. Lo que distingue Las trillizas de Belleville de otros filmes animados es precisamente el tono nostálgico de sus imágenes. La película está ambientada a finales de los años 50 y Chomet incluye breves alusiones a personajes de la época: Cuando Madame Souza ve televisión, en al pantalla aparecen Charles De Gaulle así como escenas de la película Día de fiesta (de Jacques Tati). Además, en el prólogo ambientdo en los años 30, aparecen Fred Astaire; Josephine Baker y el legendario guitarrista Django Reinhart. Historia sin palabras, en la que los breves diálogos son esporádicos, Las trillizas de Belleville recurre a los grandes ojos de la abuela para conmover al espectador y lograr así su complicidad en la titánica tarea que emprende: rescatar a su nieto huérfano de las garras de la mafia. Cualquiera puede identificarse con el deseo protector de Madame Souza, por brindar cariño y motivos de alegría al pequeño niño introvertido que tiene bajo su cuidado y que crece hasta convertirse en un importante ciclista. Es en el silencio de este cariño filial, que abarca también al perrito Bruno, donde late el corazón de esta inolvidable película de Cylvain Chomet. Las trillizas de Belleville (Les triplettes de Belleville, 2003) Dirección y guión: Sylvain CHomet Elenco (voces en francés): Béatrice Bonifassi (voz de las trillizas cuando cantan), Lina Boudreault (voz de las trillizas), Michele Caucheteaux (Madame Souza), Jean Claude DOnda.